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En la muerte de Eduardo Barba García, artículo de Francisco López Chávez PDF Imprimir E-mail
Escrito por Francisco López Chávez   
Miércoles, 02 de Enero de 2013 11:48

eduardobarbaLa noticia ya es conocida. A los 89 años de edad fallecía Eduardo Barba, cuando se disponía asistir a la Misa del Gallo en la Iglesia del Gran Poder en compañía de su esposa Charito Bocanegra. Al comienzo de la Santa Misa, caía fulminado por un infarto agudo de miocardio. Las atenciones y esfuerzos de los médicos del servicio de  urgencias del 061, por reanimarle, resultaron inútiles. Al poco, fallecía. El Nacimiento de Dios, lo celebraría ya en el cielo.

Me siento en la obligación moral y afectiva de poner unas letras dedicadas al gran tenor lírico. Y al que fuera conductor de los autobuses de la Empresa Damas S.A. antes de que yo me incorporara como administrador de la misma en octubre de 1966. Por tanto, fuimos compañeros en la misma empresa y en la misma administración.

Eduardo conducía el autobús  nº 12. Un coche grandote de corte antiguo y de color azul que hacía su recorrido de nuestra ciudad hasta Huelva, y regreso. También a Sevilla y a excursiones varias. En su profesión, fue responsable, educado y un experto conductor; ejerciendo, al mismo tiempo, como delegado sindical de los trabajadores. Su impecable vestimenta, su fino bigote que el tiempo  se encargo de ir blanqueando, le daba un porte especial.

Fuimos, pues, compañeros y amigos, no solo en el tiempo laboral que nos tocó desempeñar, sino después que su jubilación le regalara con su tiempo libre. A la puerta, o en el interior del bar “La Coyantina”, asistía en compañía de una peña de amigos al desayuno matutino. Lo hizo hasta el día antes de morir.

Pero al margen de este aspecto, quiero destacar su valiosísima aportación y dedicación a la música coral. Dotado de una voz prodigiosamente exquisita, destacó como tenor lírico en nuestra primera coral polifónica isleña fundada y dirigida por Vicente Sanchís Sanz. Posteriormente, tras la marcha de Vicente, pasó a engrosar la coral Padre José Mirabent, bajo la batuta de Aurelio Jara Martín. La voz de Eduardo fue disfrutada por los isleños y por todos los oyentes de todas  partes, ciudades españolas y de fuera de nuestro país que pudieron escuchar a nuestras corales.

A nuestro recuerdo traemos la interpretación de canciones como:”India” o “Maitechu mía”, dirigidas por Vicente Sanchís; o “El día que me quieras”, con Aurelio Jara. Su voz, el timbre y la calidez, o color, como se la llama hoy, fueron sencillamente sublimes.

Agradezcámosle habernos deleitado con su voz, de primerísima calidad. Y a su amistad, amable y sincera, que ha dejado un hondo vacío en nuestros corazones.

A su esposa, Charito Bocanegra, a sus hijos y nietos, reiteramos nuestro sincero pesar por tan sensible pérdida.

Rogamos al Señor por el eterno descanso de su alma.

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