La Higuerita » Augusto Thassio
 
Augusto Thassio
Tanto monta.... PDF Imprimir E-mail
Escrito por Augusto Thassio   
Miércoles, 01 de Septiembre de 2010 00:00

Son dos, pero igual podrían ser uno, una misma luz envolvente, un único reflejo en la piscina, una mueca trazada sobre una vieja fotografía, un sueño compartido en el "... mejor uno en la mano que cien volando", una sonrisa, un paso de tango, un guiño.
Viven como pareja, como esposos, como amantes que cantan bajo la lluvia de papel de caramelo, que se dejan mojar por todos los colores bonitos de los cuentos de hadas y de los sobresaltos.
Se llaman Rocío y Miguel Ángel, o Miguel Ángel y Rocío, da igual, tanto monta, mota tanto, y son artistas isleños que llevan el nombre de Isla Cristina por los lejanos mares del asfalto, paladeando (envueltas ya en saliva y pegadas al cielo de la boca) cada una de sus letras, aunque no sean tan blancas y grandes como las del Empalme.
Más allá del tacto y las miradas, de los labios mojados y del sudor tembloroso de sus cuerpos, les une el arte en su más íntima concepción, en el asombro compartido, besado y mordido, por la expresión plástica del latir de los pulsos y las células.

 
El marqués de las cangrejeras PDF Imprimir E-mail
Escrito por Augusto Thassio   
Viernes, 27 de Agosto de 2010 17:34

El sepelio de un isleño, dentro o fuera del mar, es algo desgarradamente triste. Isla Cristina, aunque a veces no lo exteriorice, se conmueve desde sus cimientos a sus blancas azoteas y llora, imperceptible, un llanto de recuerdos que jamás borrará de sus salinos ojos.
Me ha dolido la muerte de Miguel López Pavón, "El Finito", un gran isleño sorprendente siempre, un hombre prototipo de un determinado sector de nuestro pueblo, con un festivo sentido del humor que le llevó a autopresentarse como "Miguel López Pavón, Marqués de las Cangrejeras, propietario de 100 hectáreas de zaperas con 20.000 cuevas de caballetes, y Técnico en tute". Una gozada.
Lo que sí poseía, y nadie puso en duda jamás, fue su sincero amor a su pueblo, nuestro pueblo, del que a pesar de marchar a Sevilla, nunca se desligó, acudiendo al emotivo reencuentro en fechas puntuales y, regularmente, cada verano.

 
Mas si mi amor te olvidare..... PDF Imprimir E-mail
Escrito por Augusto Thassio   
Domingo, 01 de Agosto de 2010 00:00

16 de Julio, señalado en el corazón.

Llegué algo más temprano que en años anteriores, pero no tuve paciencia a que la sacaran de la iglesia (alarmantemente en ruina). La misa daba sus últimos coletazos.
Me senté frente a Ella y no dejé de mirarla y admirarla. Cada año igual y cada año distinta. Antes de la bendición final, cantamos la Salve, en la que egoístamente le pedimos: "...más si mi amor te olvidare, Tú no te olvides de mí". Las lágrimas que no asoman a los ojos son las de más amargo sabor y las que más escuecen.
Al abrirse las puertas, varas, estandartes y enseñas precedieron la salida de Nuestra Preciosísima Virgen del Carmen, sonriente como cada año y, como cada año, repartiendo su cariño de Madre a cuantos esperábamos que su imagen se reflejara en nuestra impaciente mirada.
Y el gran susto, al ser levantada de un salto unánime por los costaleros, que parecían querer devolverla al cielo. Era como si se nos echara encima. ¡Qué bonita! ¡Qué expresión de dulzura! ¡Qué sensible al corazón de cada uno de sus hijos!.

 
Salve, Carmen mía. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Augusto Thassio   
Jueves, 15 de Julio de 2010 00:00

Salve, Carmen, en el día de tu santo.
Salve, Estrella de los Mares, Luz de los verdes destellos y de las luciérnagas blancas que trazan besos salinos allá, en la mar más alta, donde se pesca silencios cuando el silencio es grito que pide tu protección y ruega tu compañía, para que la soledad no sea una herida abierta en el sentir marinero de tus hijos que, sabiendo que eres Estrella, levantan sus ojos al cielo para cantarte la Salve, esa Salve marinera que aprendieron a cantar en los cuarteles de aquella lejana mili...
Salve, Carmen, en el día de tu santo.
Salve, Señora del Carmelo, del bendito escapulario que meces, para que podemos besarlo en el aire de tus pasos melosos, armonizados en el compás otorgante de bendiciones y abrazos que das, casi sin notarlo a todos los que te miran con los ojos agrandados por el cariño, por la veneración, 'por ese sano respeto que se le tiene a las madres sólo por ser madre, sintiendo, en lo más hondo, la complicidad admirable que nos une por encima de géneros, razas y sangre.

 
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