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Nunca he llorado, más que de emoción alegre, con las coplas del carnaval. Pues jamás arremetieron contra los fundamentos de la fe cristiana, en las que creo desde niño. De no haber sido así, yo no hubiera participado nunca en esta bellísima fiesta. Pero este año, sí. Porque me han tocado, como a tanta gente más, la fibra más sensible de mi fe, y porque comprendo que es por ignorancia, más que por mala fe. Aunque he de reconocer que el texto literal, al final lo recortaron y modificaron. Acabo de leer el comentario recogido por Begoña Flores, donde habla de lo dolidos que se encontraban en la peña de "Los mojarritas", donde el "Fae", muestra su indignación diciendo que él estima que no cree ofender a nadie con sus letras de las que se hace responsable único.
Querido amigo, lo fui de tu padre y de todos tus tíos, y me permito llamarte así, porque estoy seguro que no existe en ti la mala intención de querer herir a nadie, porque tampoco tú quieres que se te hiera a ti. Es una razón de pura lógica. Simplemente te has aprovechado de una habladuría y te has encontrado con un tema facilón y te has aprovechado para sacar tajada crítica y el fácil aplauso de un público que le encanta - así somos querido Rafael- que se aire lo que provoque morbo. ¿Dónde está el meollo que yo esgrimo como la fibra más sensible de mi fe, y que movió a la comunidad cristiana a manifestar su indignación y disconformidad? Pues sencillamente en que ese Cuerpo de Cristo, llamado Eucaristía, y fundamento de la fe cristiana, (que lógicamente está por encima de los comportamientos humanos), es Jesús, que para nosotros y para ti también, es el Hijo de Dios que se encarnó, es decir se hizo hombre como nosotros, para humanizando a Dios, acercárnoslo. Y vino para enseñarnos lo que pregona San Pablo en su himno de la caridad. Y de Cristo, se dice, que pasó haciendo el bien durante sus años de predicación, hasta morir en la cruz. Y murió por amor a ti y a mí. Ese cuerpo no es el que se refriega por todas las mujeres, querido "Fae". Ese cuerpo de Cristo es el que se recibe cuando uno va a misa y comulga; el que tú recibiste en la Primera Comunión. Lo que tú puedes señalar -ese dedo también te lo diriges hacía ti- Es la ausencia de sinceridad, de caridad y de otras muchas cosas, llamadas virtudes, que los cristianos no practicamos. Puedes criticar nuestra hipocresía -también la tuya- de creyentes que nos falta el ser auténticos para dar el testimonio que la sociedad demanda. ¡Cuánto mal podríamos evitar, si todos nos pusiéramos, también tú, a hacer el bien a todos! Si todos manejásemos la Palabra de Dios, o Evangelio y la lleváramos al corazón; es decir, a la vida, ¡Cuanto cambiaría el mundo! Pues del mismo modo es ese Cuerpo de Cristo, esa Sangre de Cristo que en cada misa se desparrama para que nos queramos de verdad. Es un misterio de fe, y sobre todo, de amor. Es Pan de vida. La cercanía de Cristo, aquella que en multitudes lo buscaban, es la que da sentido a que nuestra fe, que está en su Resurrección. Esa que nos llevará un día, en la otra vida, a encontrarnos con los seres que tanto hemos querido en esta tierra que pisamos. Quiero llamarte amigo, porque así te considero; porque así llamó Jesús a sus discípulos a quienes dijo "Ya no os llamo, siervos, sino amigos". Y desde estas páginas de La higuerita te extiendo mi mano; sencillamente, porque es más bonito amar, incluso que perdonar, y sobre todo, que juzgar. Pues entiendo que la ignorancia, a veces, nos traiciona. Me tienes a tu disposición.
Paco López Chávez
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Yo no tengo el placer de conocerle, pero si sé por oídas que es usted una persona respetuosa y respetada. No se meta en estos fangales, que la iglesia y sus ministros en la tierra tienen mucho que callar y mucho perdón que pedir.
Un afectuoso saludo.